Archivo de Mayo 2007

Confesiones sobre el porno II

Mayo 21, 2007

Aquí estoy de nuevo para seguir relatando mi peculiar relación con el porno o cine de amor. En el anterior escrito les informaba de mis primeros escarceos en ese submundo de placer y dolor y ahora daremos un salto adelante.

Nos vamos hasta el momento en que servidor contaba ya con 16 añitos. Ya era un adolescente hecho y derecho, con abundante pelo en tos laos y las chicas ya empezaban a ponerme trempante (que poco hemos cambiado). Los comentarios con otros chavales acerca de porno eran cada vez más abundantes y más de uno se traía alguna revista al colegio para ojearla en una esquina del patio en los recreos con unos cuantos mariposeando alrededor.

Pero mi cuerpo me pedía algo más. Quería ver una porno, coño. En mi casa nunca hemos hablado de esos temas y uno ha tenido que educarse por su cuenta y riesgo a través de chavalería. Yo por entonces era abonado de un vídeo club cercano a mi casa y un día tuve la curiosidad de ir a visitar la mugrienta esquina que sabía que albergaba el vicio.

Ahora, que vaya vicio. Todo eran películas erótico-festivas, algunas de Joe D´Amato, otras basadas en cómics de Milo Manara. Títulos y portadas sugerentes me pusieron cardiaco, aquello era lo que los antiguos llamaban el maná. Decidí optar por el manido truco de alquilar una normal y una porno para disimular. Ahora no recuerdo cual era la normal, pero la porno era Once días y once noches, que tenía en la portada a una tía castaña atada a un palo que aún hoy día me provoca calenturas al recordarla.

 Llegué a mi casa con una emoción incontenible. No había nadie y me moría de ganas de vislumbrar lo que había pillado. Abrí la carátula y me salió ese olor a líquido especial que tenían todas las VHS de entonces, pero que desde entonces es un olor a vicio para mí. La película empezó y ví esas putas rayas que salían cuando estaba estropeada o tenía polvo. Menos mal que la cosa se arregló y salió ese cartelito con el título, la clasificación y el número de expediente. La emoción iba in crescendo. Finalmente empezó la peli y de que forma.

La primera escena era en un barco. Allí salía un maromo en plan Richard Grieco, todo cachas y vislumbraba a una tipa de pelo rubio con un peinado inconfundiblemente ochentero vestida con una gabardina. Hay una miradita entre los dos y la pava se mete a una especie de pasillo estrecho. El tío va detrás y observa como dentro de ese rincón la tía se abre la gabardina y se le ven tos los encantos. Acto seguido venía la jodienda, que  no era tal, porque había un petting de la ostia, pero bueno, aquello me hizo rezumar fluidos a tutiplén, pero no llegó la corrida de turno.

Y hasta aquí hemos llegado por hoy. Otro día les cuento mis inicios en las manoletinas, pues al principio simplemente veía para empaparme de aquello. Luego empecé a ser partícipe a mi manera de pobre espectador. Pero como digo, otro día será, no se preocupen, que mi escaso sentido de la decencia y mi respeto a ustedes, me impedirá ser muy gráfico.

Se despide, suyo de ustedes.

Confesiones sobre el porno

Mayo 14, 2007

Bueno señores, pues por fin ha llegado el momento que ninguno de ustedes estaba esperando. Hoy voy a empezar un monográfico en el que contaré como empecé a hacerme pajas y mi relación con el porno desde entonces hasta el día de hoy. El que guste de la miseria y el bizarrismo ajeno está invitado, el que no quiera pues adiós muy buenas caballerete.

Tendría yo unos 12 años cuando contemplé de veras mi primera película porno. Alguna imagen sugerente había visto antes, merced a anuncios de cremas para mujeres o películas con escenas subidas de tono, pero no había llegado al fondo del asunto.

Debía ser septiembre u octubre de 1994 cuando todo empezó. Un chaval al que había conocido en un campamento el verano anterior (uno en el que estuve viviendo en la misma tienda que un puñado de subnormales, pero eso es otra historia), me venía proponiendo de ir a su casa a ver una de las pelis porno de su padre, que por lo visto tenía una colección surtida. Sin saber si sería una marica que buscaba ponerme cashondo para hacerme cosas feas o si simplemente compartía mi curiosidad sobre el tema, acepté.

Un día saliendo de clase fuimos a su casa, pues no estaban sus padres y nos cogimos una peli cualquiera y la metimos al vídeo. De aquel entonces recuerdo la sensación de náusea que me provocó ver la polla venosa de un maromo peliteñido, con esos peinados ochenteros, tratando de taladrar a una barbie recauchutada, cuyo pussy lucía pelambrera abundante. La película siguió adelante y la sensación de náusea no desaparecía, pero se iba mezclando con otra que no sabía muy bien que era. Digamos que al fin y al cabo la cosa no me desagradó del todo. De hecho recuerdo una escena muy cachonda, en la que la barbie de antes estaba despatarrada en su cama y recibía una llamada que decía: “Voy a chuparte el coño”. Al poco se sacó un dildo y empezó a darle uso, mientras su interlocutor seguía con su palabrería. Aún me quedaba por descubrir la técnica del “por la puta cara” que reina en el cine de amor, puesto que me pareció muy rara esa causa efecto. Se suponía que la tía debía asustarse por recibir llamadas anónimas, y ¿por qué tenía ese pito de plástico en el cajón de la mesilla? Mira que estaba verde y podía ser imbécil.

El caso es que tras ver esa peli algo en mi cambio. A veces uno es consciente de cuando algo cambia en él y ese fue uno de esos momentos. Ese día apenas comí, pues aún me duraba la sensación de asco moderado por lo que acababa de ver. Todavía pasaron unos años para que me volviera a acercar al porno, pero desde entonces, rabos venosos y coños peludos (aún no se llevaba el rollo rasurado), empezaron a serme algo ya descubierto.

Esto queda aquí a modo de introducción, para otro día les emplazo a que sigan la evolución de un servidor unos años después de este primer acercamiento, cuando de veras empecé a consumir amor del bueno.

Se despide, suyo de ustedes.

Sobre política, crispación y demás gilipolleces

Mayo 1, 2007

Vuelvo a ponerme al teclado para hablarles de política. No es muy habitual en mí este tema, pero hoy me ha dado por ahí, así que vamos pa allá.

A mí de pequeño me gustaba la política más que ahora. Recuerdo que con 11,12 o 13 años (antes de que el porno tomara el relevo), un servidor leía los periódicos y gustaba de enterarse de cómo iba la cosa política en nuestro país. Hasta los editoriales y las columnas de opinión me leía, de lo interesado que andaba.

Por aquel entonces yo simpatizaba con el PP. Leía los escándalos de corrupción del Gobierno de Felipe González y me apetecía que las huestes de Aznar (que me recordaba a mi padre físicamente) ganasen las elecciones. A este respecto, opté por mediatizar el voto de mi madre. Yo no estaba aún en edad de hacerlo y me metía con ella en la cabina para que metiese el voto del PP. Así en 1996, el PP ganó las elecciones y yo leía la noticia satisfecho en un autobús camino de una excursión de la escuela, con la cara como un tomate por el Sol que había chupado el día anterior en la nieve.

Así estuve yo hasta que llegaron las elecciones de 2000. Entonces concurrió a ellas un partido llamado Conceju Nacionaliegu Cantabru que me llamó mucho la atención por su bizarro programa, que incluía la creación de un comité olímpico regional y de un idioma que nunca ha dejado de ser un dialecto aldeano. En esta ocasión no pude votar pues me quedaban dos meses para cumplir los 18 y lo que hice fue mediatizar a mi madre para que votara a este partido. El CNC sacó casi mil votos y el PP logró mayoría absoluta. Entonces llegó la hora de la vida universitaria (la mejor época de mi vida, pero eso es materia de otro artículo) y mi interés por la política decreció a pasos agigantados. Mi aprecio al PP disminuyó sin prisa pero sin pausa y al final me daba igual quien gobernara, descubrí que todos eran el mismo perro con distinto collar.

Los años han pasado y yo ya no soy aquel chavalito interesado por la política. En estos días se habla mucho de crispación y lucha de poderes, yo lo único que veo es circo y gilipolleces. El año pasado o hace dos el tema era el Estatut de los cojones y hubo que aguantar la oleada de manifestaciones de uno y otro lado sobre la disolución de España y demás.

Ahora el tema estrella es la ETA, De Juana y el fascismo radiofónico. El otro día me preguntaban mi opnión, pues bien, se la daré. ME LA SUDA, así de claro. Todo es un puñetero juego, las luchas entre partidos y medios de comunicación y a mi me jode mucho lo de dar la lata día sí y día también y olvidarse acto seguido para pasar a dar el coñazo con otra cosa, en un bucle que nunca acaba.

Por mí les pueden dar por el culo a los políticos y a los periodistas, de uno y otro lado. El peor favor que se les puede hacer es ignorarlos. De lo que no se habla, se borra. Yo seguiré con mi cine de amor y mis libros, esperando cobrar algún día más de mil euros y tener un piso para llevarme a putas a jincar. Lo demás se lo dejo para ustedes, yo no necesito eso para vivir. Métanse la crispación, la ETA, De Juana y el Estatut por donde les duela. Yo mientras tanto seguiré acudiendo a votar al entrañable Conceju, como hago desde el 2000.

Se despide suyo de ustedes.