Vuelvo con ustedes para referirles un nuevo capítulo de este monográfico que estoy realizando sobre el cine de amor y mi especial implicación con él. En esta ocasión me gustaría tratar sobre ese tema tan gustoso para un servidor que es el amor de Safo. Para los no iniciados, la tal Safo era una poetisa de la Grecia clásica que dedicaba versos a amores lesbianos o lésbicos. Vamos, que la mujer ésta gustaba del pussy. De querencia entre rajuelas va el artículo de hoy.
A mi lo de las mujeres besándose siempre me ha llamado mucho la atención, del mismo modo que si lo hacen hombres. Como ya habré dicho, y si no lo digo ahora, en mi casa nunca me han hablado de sexo y aún menos de homosexualidad, así que estas manifestaciones me han descolocado bastante. Aún así, reconozco que lo de ver a dos niñas dándose el morro causaba en mí una impresión diferente que si lo hacían dos maromos. Yo el rollo lésbico lo descubrí con el porno, como tantas cosas. Esas mujeres de bandera chupándose con tanta fruición y metiéndose dedos y dildos varios en sus cavidades fueron enseñadas a mi vista de este modo y la perturbación que en mi suelen provocar me ha hecho un gran fan del subgénero.
De todos modos, con los años he ido puliendo el gusto y ya no me vale cualquier cosa. Hace años, dos hembras juntando un poco el morro y dándose un par de caricias me dejaban en estado cuasi eyaculatorio, pero los tiempos han cambiado. Hará cosa de un año y pico o así, no estoy seguro, descubrí gracias a la recomendación de un señor de un foro de DVD´s a otro señor llamado Viv Thomas. Este otro señor es director de películas de porno lésbico, con actrices de origen húngaro preferentemente, hasta aquí vamos bien. Uno ya estaba cansado de ver barbies siliconadas metiéndose aparatos enormes y haciendo unos orgasmos más falsos que Judas, necesitaba un incentivo y héte aquí que llegó.
Me bajé unos cuantos clips por Internet y madre mía, que bonito. Eran parte de una peli llamada “The Art of Kissing” y consistían en mujeres besándose durante largo rato, para después pasar a la acción. Aquí, como en muchos ámbitos, lo importante no era el fin, sino el camino. Contemplar durante diez minutos, a veces más, a dos mujeres dándose el morro con la convicción y ganas con lo que lo hacían estas me sacó de mis casillas. No había historia en estos pedazos, tampoco juguetes, sólo dos hembritas dándose placer con calma, pero sin pausa. Huelga decir que empecé a bajarme más cachos y la cosa se mantuvo muy bien, con muchas escenas en el mismo sentido. Nombres de actrices como Jo, Peaches, Lisa, Stella, Sandra, Eve, Vera,etc, forman parte de mi imaginario macoquero.
Esos cuerpos en perpetuo roce, esos ósculos húmedos y esas mujeres tan ricas le ponen a uno en el disparadero. Te das cuenta de como a través de algo tan simple, con grabaciones en plan mirón, sin filtros raros ni apenas cortes, dejando que la escena respire, se consigue en el público una reacción potente. Puedes ver la excitación de dos hembras que tras veinte minutos de magreo ininterrumpido, sin haberse rozado el pussy, están más perras que Lassie, con unos gemidos y unos estremecimientos que pa qué.
No seguiré por este camino que me pongo trempante. Comprenderán ustedes que el género lésbico sea uno de mis favoritos y mucho más si se hace como he relatado. Si ya ver a una tremendilla está bien, ver a dos montándoselo entre ellas está superior. Hay quien dice que es una mariconada simpatizar con esto, pero quizá la mariconada sea la necesidad de ver un rabo en acción. Pero bueno, son dos opiniones que nunca coincidirán.
Para rematar les diré que hay más mujeres que gustan de este tipo de escenas que de las que hay entre hombres, y es que estas hembras de Dios son todas unas bolleras en potencia, algunas más que otras. ¿Usted se pondría en ropa interior delante de un colega para que opine que tal le queda el modelito? Si la respuesta es sí, hagáselo mirar, pero entre mujeres es muy común. El otro día veía una noticia que hablaba sobre un estudio que estipulaba que una de las fantasías femeninas más repetidas era montárselo con una amiga o con otra chica. Ya ven.
En definitiva, que viva el subgénero lesbiano y que siga por muchos años, para solaz y deleite de los afligidos pajilleros. Y que las lesbianas se prodiguen más por la Rue, aún a costa de despertar los bajos instintos de un servidor.
Se despide, suyo de ustedes.