Este fin de semana un servidor de ustedes ha cumplido con su costumbre de verse unas películas, algo que durante la semana, ya sea por falta de tiempo o cansancio, no suelo poder hacer. En esta ocasión me vi en cines “La duquesa” y en DVD “La boda de Rachel”, cuyas opiniones les paso a relatar.
Desarrollada a fines del siglo XVIII, “La duquesa” está basada en la vida de Georgiana Cavendish, la Duquesa de Devonshire (Keira Knightley). Mientras que su hermosura, carisma y sentido de la moda la hacían conocida, su adicción a los juegos de azar le daban mala fama. Casada joven con el viejo y distante Duque de Devonshire (Ralph Fiennes), un hombre infiel que sólo deseaba de ella que le diera un heredero varón, Georgiana se convierte en un símbolo de la moda, joven madre y perspicaz política, conocida por los ministros y príncipes y querida por el pueblo. Pero el tema principal de esta historia es la desesperada búsqueda del amor. La de Georgiana que busca consuelo en Lord Charles Grey (Dominic Cooper), futuro Primer Ministro y el complejo triángulo amoroso con su esposo y su mejor amiga, Lady Elizabeth Foster (Hayley Atwell).

El filme cuenta con todos los atractivos que suele tener una producción británica de época: una solvente puesta en escena, con una fotografía y un vestuario muy cuidados, así como una acertada banda sonora (obra de Rachel Portman, una habitual en estas peripecias) y unas interpretaciones ajustadas. Lo malo es que resulta demasiado academicista en su desarrollo, dando muchas veces la impresión de que las secuencias se van sucediendo a otras porque así tiene que ser, sin que sientas que la historia pide que pase tal o cual cosa.

La trama, con sus relaciones a tres bandas y sus amoríos imposibles, además del contexto social de la época (surgimiento de la independencia americana y de la Revolución francesa), daba para haber logrado una obra mucho más apasionante. Con todo ello, nos encontramos ante una película que se deja ver, que no molesta, pero que podría haber sido bastante más redonda.

En cuanto a los actores hay que destacar la labor de Ralph Fiennes, siempre más creíble en roles pérfidos que cuando de insulso galán, pero sobre todo Keira Knightley, que una vez más demuestra que los papeles de época le vienen como anillo al dedo y transmite la humanidad y convicción necesaria a su personaje de mujer adelantada a su tiempo y torturada por las convenciones sociales (en este sentido la cinta me recordó a la infravalorada y superior “María Antonieta”). El caso es que a mi la muchacha no me convencía demasiado, pero desde que la ví en “Orgullo y prejuicio” y “Expiación” ha conseguido atraerme a su causa. Una pena que no tuviese unos kilos más en su delgado cuerpo, porque cuenta con una hermosura digna de contemplarse.

La otra cinta que he visto ha sido “La boda de Rachel”, una película de la que llevaba tiempo detrás y que por fin he podido ver en formato doméstico en su correspondiente VO. El filme narra los preparativos y la celebración de la boda de la Rachel del título (Rosemarie DeWitt), que coincide con el regreso a casa de su hermana Kym (Anne Hathaway), recién salida de la clínica de rehablitación tras superar sus adicciones al alcohol y las drogas. Con todo ello, tendrá lugar una vorágine de sentimientos entre los miembros de la familia, con unos cuantos trapos sucios a sus espaldas y rincones oscuros que no quieren volver a pisar.

La peli está dirigida por Jonathan Demme, un realizador que a principios de los 90 consiguió la fama al encadenar éxitos como “El silencio de los corderos” o “Philadelphia” y que luego se ha estacando haciendo remakes de cintas clásicas como “Charada” o “El mensajero del miedo”. Buscando dar un giro a su carrera, ha decidido rodar esta película al estilo de una producción Dogma, con cámara en mano y una iluminación naturalista, todo ello envuelto en el típico aire de producción independiente yanqui.

De este modo, nos hallamos ante un filme que a mi me recordó bastante a “Celebración”, aquella película iniciática del Dogma 95 (y la única salvable) que relataba con mucha mala baba las complicadas relaciones entre los miembros de una familia que se reunían en un cumpleaños. El problema es que Demme no quiere (o no se atreve) a ir tan lejos y el tercio final cae en un sentimentalismo y una complacencia dignas de Garry Marshall, lo que acaba estropeando el conjunto, que prometía bastante más de lo que acaba dando.

Como en la anterior cinta, lo mejor está en el apartado actoral con unas estupendas interpretaciones de Rosemarie deWitt y Anne Hathaway (que le valió una nominación en los últimos Oscar) como unas hermanas que se detestan en muchos sentidos, pero que se necesitan mutuamente. Aquí Hathaway se despega algo de sus habituales roles de niña buena y sale bien parada del intento, demostrando que ya puede ir apartándose de princesas sorpresivas, encantadas y novias a la guerra. Y bien que lo celebrará un servidor, que se declara fan de esta beldad.

Ya ven ustedes, dos películas, dos estilos, aunque ambas coinciden en que sin estar mal podrían haber sido mucho mejores, pero bueno. Échenles un vistazo, a ver que les parecen, que ya se sabe que nunca hay dos opiniones iguales.
Se despide, suyo de ustedes.