El buen pastor: Mi reconciliación con Robert De Niro

Después de mis últimos devaneos voy a tratar de focalizar un poco y les voy a hablar sobre reconciliaciones. Esta a la que me refiero es con un actor de los legendarios: Robert DeNiro.

Este intérprete de origen medio italiano, medio irlandés, logró cautivarme (como a muchos otros) por su perturbadora, por real, interpretación de un freak acabao en Taxi Driver. Para mi es un ejemplo para estudiar en escuelas de interpretación. Esa forma de introducirse sin grandes aspavientos en la piel de un tío tan perturbado como maltratado por la vida me dejó tocado la primera vez esa película y aún me sigue fascinando. Pero este no es el tema de hoy.

El amigo De Niro llevaba unos años con el ritmo perdido, protagonizando comedias bufas y bodrietes curiosos de los que ahora no quiero acordarme. El caso es que ya iba para una década la época en la que este señor, admirador de las mujeres negras, ya ni se esforzaba por interpretar ni por hacer productos en condiciones. En estas estábamos cuando ha llegado El buen pastor, su segundo filme como director.

Su debut, Una historia del Bronx, una historia escrita por Chazz Palminteri y protagonizada por él mismo y un puto colombiano que ahora está en el trullo en su país (recuerden mi devaneo racista, si es que lo llevan en la sangre los hijoputas) era una aceptable crónica del descubrimiento a la vida de un chavalín con un gángster como mentor.

El buen pastor va más allá y me parece una película estupenda. Lo que aquí se relata son los orígenes y primeros años de la CIA, hasta la invasión fallida de Cuba en 1961. De niro se toma su tiempo para contar con calma la historia de Edward Wilson, un cabrón con cara de no romper un plato, un hombre gris y aburrido, cuya mayor pasión es servir a su país y meter barquitos en botellas.

Debo reconocer que Matt Damon, que encarna a Wilson nunca me parecido un buen actor, pero aquí su cara de palo logra convencerme de su poco lustroso personaje.

Respecto a los defectos, pues tenemos a Angelina Jolie, esa puta muñeca hinchable que algunos subnormales encuentran atractiva y que en la peli es tratada como mierda (que bien). Hay que reconocer que los continuos flashbacks de la película también cansan un poco, la cosa habría ganado si la narración hubiese sido lineal. Pero sobre todo vayan a ver la película sabiendo lo que hay, no esperen un thriller de persecuciones ni cosas así. Mejor no ir a verla con sueño (en mi sesión se quedó dormida media sala), avisados quedan.

Si se meten en la cinta, la disfrutarán como un enano, que es lo que a mi me pasó. Para los curiosos, por ahí sale Joe Pesci, en una breve escena, que tampoco aporta mucho, pero se justifica sólo por verle.

En definitiva, señor De Niro, veo que hacía tantas gilipolleces para recaudar fondos para hacer este film. Mi enhorabuena, ha hecho que vuelva a creer en usted. Ya veremos cuanto dura.

Se despide, suyo de ustedes.

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