Sobre política, crispación y demás gilipolleces

Vuelvo a ponerme al teclado para hablarles de política. No es muy habitual en mí este tema, pero hoy me ha dado por ahí, así que vamos pa allá.

A mí de pequeño me gustaba la política más que ahora. Recuerdo que con 11,12 o 13 años (antes de que el porno tomara el relevo), un servidor leía los periódicos y gustaba de enterarse de cómo iba la cosa política en nuestro país. Hasta los editoriales y las columnas de opinión me leía, de lo interesado que andaba.

Por aquel entonces yo simpatizaba con el PP. Leía los escándalos de corrupción del Gobierno de Felipe González y me apetecía que las huestes de Aznar (que me recordaba a mi padre físicamente) ganasen las elecciones. A este respecto, opté por mediatizar el voto de mi madre. Yo no estaba aún en edad de hacerlo y me metía con ella en la cabina para que metiese el voto del PP. Así en 1996, el PP ganó las elecciones y yo leía la noticia satisfecho en un autobús camino de una excursión de la escuela, con la cara como un tomate por el Sol que había chupado el día anterior en la nieve.

Así estuve yo hasta que llegaron las elecciones de 2000. Entonces concurrió a ellas un partido llamado Conceju Nacionaliegu Cantabru que me llamó mucho la atención por su bizarro programa, que incluía la creación de un comité olímpico regional y de un idioma que nunca ha dejado de ser un dialecto aldeano. En esta ocasión no pude votar pues me quedaban dos meses para cumplir los 18 y lo que hice fue mediatizar a mi madre para que votara a este partido. El CNC sacó casi mil votos y el PP logró mayoría absoluta. Entonces llegó la hora de la vida universitaria (la mejor época de mi vida, pero eso es materia de otro artículo) y mi interés por la política decreció a pasos agigantados. Mi aprecio al PP disminuyó sin prisa pero sin pausa y al final me daba igual quien gobernara, descubrí que todos eran el mismo perro con distinto collar.

Los años han pasado y yo ya no soy aquel chavalito interesado por la política. En estos días se habla mucho de crispación y lucha de poderes, yo lo único que veo es circo y gilipolleces. El año pasado o hace dos el tema era el Estatut de los cojones y hubo que aguantar la oleada de manifestaciones de uno y otro lado sobre la disolución de España y demás.

Ahora el tema estrella es la ETA, De Juana y el fascismo radiofónico. El otro día me preguntaban mi opnión, pues bien, se la daré. ME LA SUDA, así de claro. Todo es un puñetero juego, las luchas entre partidos y medios de comunicación y a mi me jode mucho lo de dar la lata día sí y día también y olvidarse acto seguido para pasar a dar el coñazo con otra cosa, en un bucle que nunca acaba.

Por mí les pueden dar por el culo a los políticos y a los periodistas, de uno y otro lado. El peor favor que se les puede hacer es ignorarlos. De lo que no se habla, se borra. Yo seguiré con mi cine de amor y mis libros, esperando cobrar algún día más de mil euros y tener un piso para llevarme a putas a jincar. Lo demás se lo dejo para ustedes, yo no necesito eso para vivir. Métanse la crispación, la ETA, De Juana y el Estatut por donde les duela. Yo mientras tanto seguiré acudiendo a votar al entrañable Conceju, como hago desde el 2000.

Se despide suyo de ustedes.

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