Sensaciones de celuloide

Aunque lo que voy a soltar es una verdad muy obvia, no por ello deja de tener toda la razón. El cine, las películas alteran nuestro estado de ánimo. Ya sea comedia, drama, terror, intriga o amor (ejem), todos los que las contemplamos vemos como hacen mella en nuestro ser. También pueden provocar el efecto contrario al que pretenden o incluso no provocar ninguno (a más de un cineasta es lo que más le aterra, caer en la indiferencia, antes prefiere los palos).

Pues bien, en este artículo quiero referirles algunas películas que a mi producen efectos varios. En primer lugar citaré las que me hacen de reír, algunas muy discutibles en calidad, pero hilarantes para este servidor. “Es peligroso casarse a los 60”, “Estoy hecho un chaval” o “Vaya par de gemelos” del simpar Paco Martínez Soria, son filmes con los que me descojono a placer. Para mí el aragonés más ilustre de la historia no es Goya ni Buñuel, sino el señor que con su traje gris y su boina representó como nadie al españolito rural (y urbano) del franquismo. De pocas luces, bonachón y que se conformaba con vivir en familia, sin por ello dejar de echar el ojo a las señoras de buen ver y mejor pasar.

En otro sentido, en cuanto a humor audaz se refiere, mi favorito a día de hoy sigue siendo el genial Charles Chaplin, que a estas alturas de la película sigue dejando en pañales a todos los insustanciales que hacen humor para insustanciales. De la comedia clásica americana no he transitado mucho, pero lo poco que he visto dista mucho de agradarme.

Y de la risa pasamos al llanto. Uno no es muy dado al lacrimeo, de hecho hace muchos años que no lo hago, pero hay películas que le ponen el nudo en la garganta y alguna lágrima furtiva le hacen caer. Aunque si me pongo a pensar, la mayor parte de las veces esto se produce con la inestimable ayuda de la música. No crean que uno se pone piporro con la clásica música de culebrón, ni de coña. Pero las partituras bellas, con verdadero sabor a música clásica si que lo consiguen. En este sentido citaré a gente como Thomas Newman (mi favorito), James Newton Howard o Michael Nyman, tres compistores como la copa de un pino. Si usted, señor lector, aún no ha escuchado nada de esta gente, o lo hecho sin saber a quien pertenecía, busque en Internet y ya verá lo que vale un peine. Ellos son responsables de maravillas como “Camino a la Perdición”, “El Bosque” o “El Piano”.

Si hablamos de tramas, me vienen a la cabeza un par de ellas que consiguen emocionarme por la historia en sí misma. Aparte de la citada “Camino…” también destacaría “El sexto sentido” (que hace tiempo que no he vuelto a ver, porque siempre me pone mu tristón) e incluso “Centauros del Desierto”. No me tiraban mucho John Ford ni John Wayne, pero héte aquí que viendo esa película no sé que pensar. De todos modos, ese final, con un Wayne alejándose de la casa tras haber cumplido su deber, está entre mis favoritos como pueden observar.

Sin salir de las piporradas, pero tomando un poco de distancia, les hablaré de películas de cabecera por su categoría moral. Yo soy un convencido del estoicismo, creo que la vida y el mundo no son justos, que hay mucha mierda por todos lados. Aún así, esto siempre ha estado montado de este modo y no nos queda más remedio que tirar palante. En este sentido, el cine de Clint Eastwood suele gustarme por esta vertiente ideológica. De todas sus películas, mi favorita y la que creo que mejor resume las constantes de su cine es “Sin perdón”. Por otro lado, hay cintas que provocan una adhesión inquebrantable por el reconocimiento de muchas de mi características en sus personajes. Ahí están los casos de “Taxi Driver” y “El graduado”, cuyos protagonistas reúnen muchos de los rasgos de uno mismo propio.

También hay un tipo de cine que nos resulta terapéutico, la historia que cuenta o los personajes que aparecen consiguen actuar en nosotros como un bálsamo. Ya sea por la identificación con determinados tipos o situaciones, hacen que nos sintamos mejor tras verlas. A mi no me suele pasar con las comedias. Yo hay muchos días en los que odio al mundo y una comedia es lo último que necesito. Ver a los personajes haciendo el bufón y pasándoselo de puta madre sólo aumenta mi desazón, por no estar yo en esa disposición. A mi lo que me viene bien son películas estoicas de esas que les he hablado. Una a la que tengo especial aprecio, de la que no he hablado, es “El Pianista”. Yo la ví por primera vez en Navidades de 2002, cuando pasaba los peores días de mi vida hasta el momento (crucemos los dedos para que no vuelvan). Pues bien, aunque suene raro, esta peli sobre el Holocausto judío consiguió animarme lo suyo. Ese aire estoico que respiraba toda la cinta, sin hacer más hincapié del necesario en las diversas tragedias (aprende Spielberg), produjo ese efecto balsámico que les refería. Ese protagonista que pese a todo lo que pasaba, buscaba su supervivencia, me parece un gran resumen de mi pensamiento vital. Gran aprecio le tengo a esa película.

Pues bueno, creo que me estoy enrollando y la cosa aún da para más (o no), hay que poner fin. Ya veremos si perpetuo este artículo en posteriores entregas, Dios dirá.

Se despide, suyo de ustedes.

Una respuesta to “Sensaciones de celuloide”

  1. lasaga Says:

    Interesante no?

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