Jane Austen o el valor de las pequeñas grandes cosas

Un servidor tiene a bien dedicarse a la lectura en sus ratos libres, que no son todos los que quisiera pues cuando no son las ocupaciones es mi natural afición al cine de amor los que me quitan tiempo en los menesteres de la palabra escrita. De los libros que he tenido la oportunidad de leer en vida, entre mis preferidos se encuentran los de una mujer inglesa que vivió a caballo de los siglos XVIII y XIX. Estoy hablando de Jane Austen.

Este artículo no está encaminado únicamente a contar la vida, obra y milagros de la escritora británica, pues para eso ya tenemos un montón de material en Internet que seguramente será más interesante que lo que pueda contar yo en estas líneas. Aquí quiero referirme a la impresión que me ha causado su obra a lo largo de los años que la he ido visitando.

Para aquellos que no sepan nada de la autora les haré un pequeño resumen de su vida. Austen nació en la población de Steventon en 1775, siendo la segunda hija de una familia de siete hermanos. Hija de un humilde párroco anglicano, Austen dedicó su infancia y adolescencia a la lectura de novelas de otros escritores ingleses. A una temprana edad empezó a sentir interés por esto de plasmar ideas en un papel y realizó sus primeros relatos, de carácter cómico para divertir a sus seres cercanos. Posteriormente esbozaría sus primeras incursiones en la novela, haciendo borradorres de lo que acabarían convirtiéndose en las obras que realizó.

 

Nunca lo tuvo fácil Jane Austen para publicar su trabajo. Como miembro de una familia humilde y además mujer no era cosa sencilla saltar al panorama literario. De hecho, hasto los 36 años no consiguió que se publicara “Sentido y sensibilidad”, que no había sido su primer trabajo, pero si el primero que consiguió colocar en el mercado editorial. En los años posteriores iría sacando a la luz sus otras novelas (“Orgullo y prejuicio”, “Mansfield Park”, “Emma”), pero la muerte vendría a interrumpir su creciente carrera a los 41 años. Por entonces se hallaba escribiendo la inédita Sandition, pero la enfermedad se cruzó en su camino (hay quien dice que fue afectada la Enfermedad de Addison) causándole la muerte en febrero de 1817. Tras su deceso, se publicarían “La abadía de Northanger” y “Persuasión”.

En cuanto a su vida personal, no se le conocen apenas relaciones amorosas, algo curioso en una autora que siempre cultivó ese tema. Se sabe que estuvo siempre muy unida a su familia, en especial a su hermana mayor Cassandra, que tampoco llegó a casarse por la muerte prematura de su prometido. A través de la correspondencia que mantuvieron ambas podemos conocer varios aspectos de la personalidad de Austen. Hay quien ha especulado con la posibilidad de que Austen fuese lesbiana, pero esto es algo que no deja de ser mera especulación.

Como muchos otros autores Jane Austen tuvo que esperar a su muerte para que empezara a ser reconocida. La británica causó controversia entre algunos de sus contemporáneos, pues entre sus admiradores se contaban Walter Scott (“Ivanhoe”) o Rudyard Kipling (“El libro de la selva”), que admiraban su estilo sencillo y su dominio en el retrato de personajes y situaciones cotidianas. Por otra parte, entre sus detractores encontramos a Mark Twain (el de “Huckleberry Finn”), que decía que una buena biblioteca es aquella que no incluya ninguna novela de Austen y a Charlotte Bronte. La autora de “Jane Eyre” fue increpada por un amigo que le invitó a que copiara de Jane Austen y no forzara tanto el sentimentalismo en sus novelas. Bronte dijo que la obra de Austen era una jardín cerrado y bien cultivado, pero sin campo abierto o aire fresco, reprochando un mayor derroche de pasión.

En lo que respecta a sus traslaciones al cine, Jane Austen ha sido una fuente ingente de adaptaciones al séptimo arte. Especialmente a partir de la década de los 90, la media docena de obras de Jane Austen han tenido su correspondiente película o miniserie de la BBC. De las que he tenido oportunidad de ver, la que más me ha convencido es la versión reciente de “Orgullo y prejuicio”, que sabía transmitir las sensaciones del espíritu austeniano. Últimamente ha salido a la luz una película biográfica de la escritora o al menos con pretensiones de ello, llamada “La joven Jane Austen”. Esta cinta trata los días de juventud de la escritora, cuando realizaba sus primeras historias y trataba de abrirse camino en el panorama literario. Esta película trata también una supuesta relación amorosa con el joven irlandés Thomas Lefroy y de cómo su ámbito social marcó su forma de escribir.

Hay que decir que el film se toma diversas licencias respecto a las biografías oficiales de la autora y plantea la trama al estilo de “Shakespeare enamorado”, es decir, a través de algunos hechos reales y otros inventados, la supuesta biografía se torna una traslación del espíritu de la obra del autor. Su vida es tratada como si fuera una novela más del propio creador. Esta película es recomendable para los fans de Austen y los que gusten de las comedias dramáticas de época narradas con tono elegante. Además cuenta con la siempre adorable Anne Hathaway encarnando a la escritora, y a juzgar por los retratos que se conservan de ella, las comparaciones son odiosas.

Si me preguntan qué opino de la obra de Jane Austen yo les respondería lo que sigue. A falta de leer “Mansfield Park”, el resto de su obra es un bálsamo para mi alma. Ponerme a hojear un libro de Austen es todo un disfrute para el que su suscribe por el placer que supone enfrentarme a su estilo narrativo, su manera de plasmar personajes y situaciones que nunca pasan de moda, aunque hayan transcurrido doscientos años. Su forma de mostrar el alcance de los sentimientos, de forma sincera y sin caer en romanticismos baratos de novela rosa (como equivocadamente creen muchos) es de recibo y resulta muy agradable.

Hay quien ha querido ver en Austen a una escritora feminista, que nunca trató muy bien en sus obras los matrimonios concertados, la imposibilidad de casarse por amor y los aires de grandeza de las clases poderosas. No obstante, sus finales felices con bodorrio incluido podrían ser interpretados de forma conservadora (cosa que por ejemplo sucede en “El diario de Bridget Jones” y similares, que en su intento de adaptar los modos austenianos a la época actual ofrece un pastelón tan retrógrado como insoportable). De cualquier modo, su apuesta por la ironía a la hora de examinar muchas actitudes humanas es su mejor arma ante los lectores. No considero que sean novelas para viejas pellejas aburridas de su existencia, cualquiera que tenga un poco de sensibilidad y haya tenido la debida educación sentimental, sabrá apreciar e identificarse con sus escritos.

Si me preguntan por mi libro favorito de la autora, no dudaré en decir “Emma”. Este volumen trata la historia de Emma Woodhouse, una joven provinciana con un carácter bastante pagado de si mismo, que se cree con derecho de organizar la vida de los que le rodean. Las experiencias que vaya viviendo le permitirán madurar y darse cuenta de que rara vez las cosas salen como las planeamos en un principio. Este fue el primer libro de la autora que yo leí, atraído por la imagen de portada, que mostraba a otra mujer con adorabilidad como es Gwyneth Paltrow, que acababa de estrenar la adaptación al cine de la obra (bastante inferior al libro, por cierto). La novela me encantó pese a tener sólo 17 primaveras cuando la abordé y es uno de mis libros de cabecera. Muy recomendable.

Asimismo, Austen nunca quiso llegar a donde no podía. Ella era una mujer de campo de clase media-baja y se dedicó a hablar de los pequeñoburgueses de la Inglaterra rural. Pese a escribir durante la época de la Revolución Francesa, apenas hay mención a aspectos políticos en sus obras, más allá de algunos miembros de la marina que aparecen en sus novelas tras venir de combatir en el extranjero. A Austen siempre le inquietaron más las relaciones humanas, sus claroscuros y recovecos, los momentos de dicha y los de desdicha. En definitiva las pequeñas grandes cosas, que queramos o no, acaban marcando nuestras vidas.

Por todo ello, desde aquí aprovecho para recomendar la lectura de las novelas de la autora, les aseguro que no se arrepentirán.

Se despide, suyo de ustedes.

3 comentarios to “Jane Austen o el valor de las pequeñas grandes cosas”

  1. laudrey Says:

    “Emma” es maravilloso, pero aún así me quedo con “Orgullo y prejuicio”. Bueno, no sé… Es que me gusta todo lo que he leído de ella y las pelis que adaptan sus obras también. Es difícil con esa base que salga algo malo…

    Me encanta eso que dices de que habla de lo que realmente marca la vida, las relaciones interpersonales. Vale que lo que ocurre más allá de nuestras narices es importante en nuestro contexto, pero lo que recordaremos es quién nos ayudó en tal situación y no qué guerra se estaba produciendo en ese momento.

    Ególatras que somos, sí…

  2. lasaga Says:

    La verdad que me da algo de pereza leer algo de esta autora que tanto os he oido nombrar.
    Entre que mi aficción a la lectura no es tan fuerte y que tengo muchos clásicos que leer aún o releer de nuevo la ya mentada El libro de la selva (mi obra literaria preferida con diferencia)
    Sin embargo suena bien todo lo que comentas.

  3. SuEMi Says:

    He visto Orgullo y Prejuicio, creo que de hecho. Esta es una autora que merece la pena ser laureada como tantas otras.
    Es una visionaria de los tiempos en los que las mujeres modernas de la época eran tomadas como viejas solteronas desdichadas.

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