Objeto de deseo, objeto de dolor

Hago un breve alto en el camino en mi relato sobre mis peripecias en las capitales del Danubio para referirles una serie de pensamientos que me vienen asaltando en los últimos días. Una de las cosas que siempre ha preocupado al ser humano es el tema de los sentimientos. Querer y ser querido, odiar y ser odiado, desear y ser deseado, han sido algunos de los temas que han buscado racionalizar los hombres a través de creciones literarias, estudios sesudos y demás historias. Sin embargo, aunque la carga emocional depende en mucho de la cultura de cada lugar, de la educación particular y de la forma de ser de cada uno, siempre se dan una serie de circunstancias bastante comunes.

La presencia de una persona atractiva puede acarrear reacciones de lo más diverso en una audiencia, pero todas con el deseo como característica común. Y es que un servidor está convencido de que alguien se le desea en primer término por un puro tema hormonal. Se ve alguien morfológicamente interesante, capaz de garantizar la perpetuación de la especie, por mucho que lo quieran revestir de flechazo. Con todo ello, no quiero desdeñar el amor, pero eso es algo que viene con el tiempo, con el roce (como el odio). Cuando yo veo a Michelle Wild la deseo con todas mis fuerzas, pero no siento eso que se llama amor. La alegría que da su presencia, solazarme con el tacto de su piel, notar un complemento a mis alegrías y frustraciones, etc. De eso no hay nada, sino después de un tiempo más o menos variable según la persona con la que se trate.

Pero al mismo tiempo ese deseo, ese amor, no hacen sino crear frustración por no obtener de ellos todo lo que ansiamos, lo que esperamos. Muchas veces surge la incomunicación, incompatibilidades que no se habían manifestado antes y que hacen que todo ello resulte más doloroso que beneficioso. No obstante no se puede huir de ello, hay miedo al vacío, a la soledad, y por ello se cambia algún momento venturoso por muchos desagradables.

Toda esta introducción viene al caso porque últimamente he oído algún caso que viene a ser una pequeña muestra de lo expongo por aquí, se lo voy a contar.

El suceso ha sido sufrido por un tipo normal, de esos que nunca destacaría ni por arriba ni por abajo, cuya ausencia sería tan lamentada como la de un bolígrafo. Este individuo consiguió un ligue de forma fortuita, con una chica a la que había dado bastante la brasa durante un período académico en el que ambos coincidieron. Ella no era especialmente bella ni muy atractiva, digamos que se encontraba en el mismo nivel medio que el protagonista. Lo que la hacía realamente destacable era su adorabilidad, su capacidad de resultar deseable para cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Una de esas mujeres a las que uno sólo podía tratar con cariño sumo, dándola abrazos y besos a todas horas.

La noche de autos fue la típica en esos casos de adolescencia y post adolescencia, diversión y alcohol a raudales, deshinibición con los efectos etílicos y lo demás vino rodado. En un momento dado, el chico y la chica se quedaron solos y la adorabilidad de la hembra impulsó al chico a besarla, esta no hizo ascos a tal acontecimiento y hubo un clásico rollete con un poco de palpamiento, pero sin llegar a más.

El muchacho se las prometía felices con su nuevo ligue, pensaba que iba a tener para él a una mujer de las que valían la pena, que la soledad se iría por fin al carajo, pero la realidad no tardaría mucho en demostrarle que estaba equivocado. Nuestro hombre dijo a la mujer las dificultades que entrañaría una relación, pues él se encontraba trabajando en un lugar lejano al que ellos habían compartido. Ninguno incidió especialmente en que ella esperara a su regreso, así que la cosa quedó como en punto muerto.

La parte dolorosa llegó cuando nuestro hombre se enteró de que su chiquilla se había liado con otro chaval que había compartido con ellos el mismo curso académico. Ella misma se lo contó en una llamada de teléfono, haciéndole saber que era el primero en conocer la noticia, que lo sentía y todo eso, pero más lo sentía él, que no quería volver a oír de ella. Él conocía al nuevo ligue y sabía que era un tío majo y habían compartido momentos agradables, lo que resultó ser más doloroso y más tranquilizante al mismo tiempo. Nuestro hombre sufrió durante semanas esta pérdida, pero al mismo tiempo quería consolarse pensando en que mejor que se liase con ese otro chaval que no con el primer imbécil que pasase por ahí.

Asi pasaron casi dos años, sin apenas saber nada más de ella, salvo alguna mínima peripecia laboral y poco más, hasta que llegó la hora del inesperado reencuentro. La gente del curso académico organizaba una quedada para todos aquellos que estuvieran con tiempo libre en sus ocupaciones y así poder contar cómo iba la vida y recordar los felices tiempos pasados. El chico iba contento a esa reunión, se sentía bien entre esa gente y podía ser querido siendo él mismo, todo un lujo que no siempre podía disfrutarse. Con lo que no contaba es que allí estaría ella.

En principio la chiqueta no iba a aparecer por la reunión según se había informado nuestro hombre con el típico interés desinteresado de aquel que se muere de ganas por ver a alguien, pero sus ojos no le engañaban. Ella estaba prácticamente igual con respecto a aquella noche en la que se habían encontrado por primera y última vez, tal y como él la recordaba, como había venido a su mente en tantas ocasiones. Como no podía ser de otro modo la timidez le embargaba, no sabía si saludarle sin más, si hablar con ella como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera igual que dos años atrás. Los reencuentros tras un período largo de no verse, máxime cuando ha habido mar de fondo entre las partes, son de lo más incómodo.

La velada fue entretenida y nuestro hombre pasó un rato muy agradable. La chica no se había sentado muy cerca de él, pero estaba en la zona y participó en la conversación, además el noviete no había venido por motivos laborales y el protagonista tenía un pálpito muy interesante al respecto. Como en muchas otras ocasiones, no estaba muy equivocado en sus intuiciones.

En un momento dado, la chica dijo que se tenía que volver a su casa que perdía el último autobús. Nuestro hombre vio la ocasión propicia y se brindó a acompañarla, prometiendo que después se reincorporaría a la fiesta. El trayecto a la estación fue muy raro, pues era la primera vez que ambos hablaban directamente después de tanto tiempo, antes habían cruzado alguna palabra en medio de la conversación general pero no había sido nada del otro jueves. La conversación fue vaga, cada uno refirió los tumbos laborales que había dado y alguna cosilla de su vida privada. Al parecer, a ella no le iba mal con el chico que se la había quitado dos años atrás, pues mira que bien.

Poco antes de que la chica tuviera que subir a su autobús se produjo el momento cumbre, puesto que nuestro hombre superó el embarazo y la timidez del momento y propuso darse un abrazo de despedida. Al principio los cuerpos se unieron de forma ceremoniosa, formal y erguida, de la manera en la que das un abrazo por compromiso. Pero cuando ambos ya se separaban la chica volvió a aferrar el cuerpo del chaval y le atrajo hacia ella con más fuerza, apretándose contra él a intervalos, como si le transmitiera una dosis de corriente eléctrica. El muchacho estaba de lo más sorprendido como para darse cuenta de lo contento que debería estar por esta insospechada situación.

El caso es que estuvieron abrazados durante cosa de un minuto y ninguno dijo nada. El chaval pudo ir asimilando todo lo que estaba pasando, de sentir tan junto el cuerpo de la muchacha como lo había sentido tiempo atrás. Al final ambos se separaron y él confesó cuanto la había echado de menos durante este tiempo y que la encontraba tan bien como siempre. Ella aseguró que también le había extrañado y la verdad es que parecía real, no la clásica coletilla que se dice por decir.

Fue en ese momento cuando nuestro hombre fue consciente de esa vulnerabilidad que a veces sirve como justificante a muchas infidelidades. Vio como la chica le observaba entre expectante y suplicante, con su adorabilidad a flor de piel haciéndola mucho más guapa e irresistible a los ojos del chaval. Si en ese momento hubiera juntado los morros a los suyos ella no habría opuesto mucha resistencia, más bien al contrario. No quería hacerle esa putada al colega que ahora era su novio y por otra parte no se atrevía a dar un paso que no sabía qué iba a acarrear. No obstante, al final no llegó la sangre al río y tras los malditos dos besos de rigor, el muchacho la despidió con un beso en la mano, una mano que ella posó en la suya y se separó lentamente, como prueba de la pena del momento.

El chico esperó a que saliera el autobús para decirle adiós definitivamente y vio su cara de pena. Él no se sentía especialmente apesadumbrado por aquella inesperada escena, de hecho casi estaba contento por ello, notaba una especie de alivio. Volvió a la fiesta pensando en todo lo que había sucedido y no sabía que pensar de ello. ¿Tanto había pensado en él la muchacha como para llevarse ese disgusto?, ¿por qué no le había esperado en su momento?, quizá se encontrase inmersa en la clásica contradicción de estar más o menos bien con alguien pero sin hacer ascos a ciertas infidelidades emocionales, quién sabe.

El chaval no ha dejado de pensar en el tema días después de que aconteciese y no sabe a que atenerse, de si debería dejarse de miedos y respetos varios y atacar o de no ser un crápula y dejarlo correr esperando una oportunidad en el futuro. Es duro desear a alguien, para bien o para mal nunca va a colmar nuestra expectativa, lo que nos pueda brindar no será lo que queramos obtener porque precisamente es un deseo, no una realidad. Pero por otra parte es el deseo y la ilusión lo que hace que se mueva el mundo, lo que nos quita de ser unos autómatas lobotomizados.

Qué extraño influjo tiene el amor que es capaz de darnos la vida y de destrozarnos con tan sólo un instante de diferencia. Pregúntenle a nuestro hombre.

Se despide, suyo de ustedes.

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3 comentarios to “Objeto de deseo, objeto de dolor”

  1. laudrey Says:

    Imagino que se trata de una de las historias que tenías pendiente de contarme… Dolorosa, muy dolorosa😦

  2. lasaga Says:

    Está muy currada, buena historia, muy bien redactada y muy interesante. Tienes una gran imaginación para escribir novelas rosas.
    Me encanta la parte en la que se abrazan, la cámara gira lentamente rodeandoles y dejando ver de fondo al conductor del autobus esperando a la pareja encandilao por la escena.

    y lo de que la primera y ultima noche q se encontraron??? no entiendo eso

    ahora en serio… es una historia retorcida… y q sea un amigo creo que es más putada que uno q no conoce

  3. laudrey Says:

    ¿Abandonado este blog forever o qué?

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