Roman, por Polanski II

Vuelvo a ponerme al teclado para continuar sin más tardanza con la semblanza que estoy realizando del director de cine Roman Polanski. El otro día trataba su primera época y me detenía con el éxito que le había reportado “La semilla del diablo” y su buen momento personal, pero ya dije que la vida es muy cambiante y las cosas no tardarían en tornarse más oscuras.

En abril de 1969 sufrió la muerte de su compositor musical Krzysztof Komeda a causa de un accidente. Era el preludio de una serie de desgracias que se cebarían con el realizador polaco.

Por aquel tiempo, Polanski se había mudado a una enorme mansión en Los Ángeles, donde tuvo lugar uno de los sucesos que marcarían su vida. Su mujer, la actriz Sharon Tate, que se encontraba embarazada de ocho meses, fue una de las víctimas de la masacre que la banda de Charles Manson realizó en dicha casa. Tate cenaba en casa con cuatro amigos cercanos a la pareja, entre los que se encontraban Abigail Folger, Voyteck Frykowsky, novio de Abigail Folger, William Garretson y Jay Sebring, famoso peluquero de estrellas de Hollywood que además les suministraba drogas. Todos fueron brutalmente torturados y masacrados por miembros de la secta de Manson (por Internet circulan fotografías policiales del suceso que no he querido incluir por su explicitud, búsquenlas si tienen estómago). Los hechos tuvieron lugar mientras Polanski se encontraba en Londres preparando otro largometraje, “El día del delfín”, que jamás terminó. El suceso ocurrió la madrugada del 9 de agosto y Polanski tenía en mente regresar el día 12 a tierras norteamericanas.

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El primer sospechoso que tenía la polícia fue el propio Polanski, sin embargo, pronto se demostró su inocencia pasando por el detector de mentiras. Pasaron las semanas y la única prueba que se encontró fueron unas gafas en la escena del crimen, la cual fue utilizada por Polanski para intentar averiguar si los asesinos se encontraban dentro de su círculo de amistades, cuyo resultado fue negativo. Empezó a sufrir acosos y especulaciones sobre los asesinatos por parte de la prensa estadounidense (titulares como “Ellos se lo buscaron”, donde se responsabilizaba a las víctimas de lo ocurrido debido al uso de drogas, orgías e incluso ritos satánicos). El propio Polanski se encargó de desmentir todas esas acusaciones. Curiosamente, todos estos sucedidos tuvieron lugar al tiempo que regresaban a la Tierra Neil Armstrong y los astronautas que habían estado en la Luna pocas semanas antes, provocando una extraña mezcla de titulares.

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Cabe destacar que nunca se hubiese encontrado a los asesinos si no fuese porque uno de ellos, Susan Atkins, que había sido arrestada y encarcelada por el robo de un vehículo, confesó a su compañera de celda que “había asesinado a la actriz Sharon Tate”, ésta, ante el asombro, corrió a decírselo al encargado de la seguridad. El chivatazo fue debido a que Polanski ofrecía una suculenta suma de dinero a todo aquel que diera alguna pista de los asesinos, la cual fue repartida entre dicha prisionera y un hombre que encontró en una papelera una de las armas utilizadas por la banda en el crimen. El puzzle se fue formando; los asesinos fueron “La Familia” de Manson, un grupo de hippies drogados de LSD e iluminados que seguían las órdenes de su líder, Charles Manson. Fueron todos condenados a muerte, pero la pena capital se abolió en California a principios de los años 70, por lo que Manson y su grupo siguen entre rejas casi 40 años después. Tras todo esto, a Polanski ya no le retenía nada en los EE.UU, salvo tristes recuerdos de su etapa con Tate en Los Angeles así como con sus fallecidos amigos, por lo que regresó a Europa.

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Tras un período de depresión que intentaba olvidar a base de una vida sexual desenfrenada, regresó al cine en 1971 con “Macbeth”, en una personal adaptación de la obra de William Shakespeare. La película fue el primer fracaso comercial de Polanski, aunque en Inglaterra funcionó bien y tuvo en general una buena aceptación por parte de los críticos.

En 1973 viajó a Italia para rodar “¿Qué?” una comedia disparatada con Sydne Rome y Marcello Mastroianni, en lo que fue un descanso respecto a la oscuridad de sus anteriores propuestas. La película fue un fracaso en Estados Unidos, pero en Europa compensó la situación consiguiendo un notable éxito. En España fue prohibida por la censura de la época, debido a los continuos desnudos de Sydne Rome, y tan sólo pudo verse en salas de arte y ensayo en versión original subtitulada.

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En 1974 Polanski volvió a Hollywood para rodar su segunda cinta para un gran estudio, tras “La semilla del diablo”. La película en cuestión fue “Chinatown”, inspirada en los clásicos del cine negro y con un reparto conformado por nombres ilustres como Jack Nicholson, Faye Dunaway y John Huston en una de sus eventuales apariciones como actor. El filme versaba sobre las investigaciones que llevaba a cabo un detective privado en el Los Ángeles de los años 30, que tras iniciarse con un pequeño crimen acababa descubriendo una trama de corrupción en las altas esferas. El propio Polanski se reservó un pequeño papel como hampón, en el que pudo dar rienda suelta a otra de sus bizarras interpretaciones (inolvidable su escena con Jack Nicholson).

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Con todo ello, el rodaje estuvo trufado de anécdotas de lo mas curioso. Una de las más destacadas fue la que tuvo lugar un día en el que Faye Dunaway tenía ganas de ir al servicio pero Polanski no la dejaba porque quería repetir una toma. El tiempo pasaba y la toma no se rodaba, así que la Dunaway se vio obligada a orinar en una papelera, que acabó arrojando al propio Polanski cuando este la increpó por ello. Ninguno de los dos aguantaba al otro, así que piques como esos estuvieron a la orden del día.

Curiosidades aparte, la película fue un éxito mundial y lograría 11 nominaciones a los Óscar, de los que obtendría tan sólo uno al mejor guión original, así como otros numerosos premios. Polanski se llevaría un Globo de Oro al mejor director y una nominación al Oscar sin consumar el triunfo.

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En 1975 empezó a preparar el rodaje de “Piratas”, de nuevo con Jack Nicholson, invirtiendo gran parte de su propio dinero en la preparación. Como finalmente ninguna gran productora cinematográfica se interesó por el proyecto (porque pensaron que el género de piratas ya no interesaba a nadie), Polanski se vio obligado a abandonarlo después de haber invertido una gran suma de dinero, así que viajó a Francia, donde comienza el rodaje de “El quimérico inquilino”, un “thriller” psicológico que se ha convertido en otra de sus obras de culto y en el que él mismo actúa como protagonista.

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La cinta se estrenó en 1976, fracasó en el festival de Cannes y recibió malísimas críticas. Fue un tremendo fiasco comercial y, curiosamente, hoy en día se ha convertido en el largometraje favorito de muchos de sus seguidores, ya que es uno de los trabajos más personales de Polanski, mezclando terror con humor negro.

Pero ya pasaba mucho tiempo sin que el polaco se viese involucrado en alguna historia rara, así que tuvo que suceder. En 1977 Polanski fue acusado de haber mantenido relaciones sexuales con una joven de trece años, tras tener una sesión de fotos con ella. Durante la realización de éstas ambos se encontraban en casa de Jack Nicholson, en un jacuzzi con alcohol y drogas. La doble moral anglosajona puso el grito el cielo y el realizador fue acusado inmediatamente de pederasta y violador. En las primeras declaraciones Polanski destacó que sabía que la muchacha era menor de edad, pero aseguró que las relaciones fueron consentidas.

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Con todo ello, el polaco se dio cuenta de que le había tocado en suerte un fiscal que iba a ir a por él (en varios círculos, Polanski siempre fue visto como un tío sórdido y depravado) y tomó una decisión drástica. Abandonó el país mientras estaba en libertad bajo fianza, previendo una condena mayor y decidió exiliarse en Francia, país donde nació y en el que ya había estado en otras ocasiones (y sobre todo porque no tenía acuerdo de extradición con Estados Unidos). Desde entonces pesa sobre él una orden de busca y captura para ser apresado, por lo que nunca ha vuelto a pisar suelo estadounidense.

Recientemente, un documental ha demostrado las deficiencias a la hora de abordar el proceso de Polanski, que además cuenta también con el perdón de la afectada. Sin embargo desde Yankilandia siguen instándole a que vaya a declarar para estudiar un sobreseimiento del caso, pero no parece que Polanski esté por la labor de meterse en la boca del lobo.

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Y aquí concluyo esta segunda entrega sobre la vida, obra y milagros de este curioso cineasta. Aún me quedan bastantes sucesos por reseñar, así que en pocos días retornaré con un nuevo capítulo de las peripecias de este hombre.

3 comentarios to “Roman, por Polanski II”

  1. laudrey Says:

    Como buen fan de Polanski que eres, ¿opinas que ha querido a alguna otra mujer como a Sharon o que sigue teniendo una muerta en el alma?

  2. odio Says:

    El propio Polanski ha declarado varias veces que nunca se ha recuperado del todo de aquel desgraciado suceso, así que yo me inclino por la posibilidad de que sigue teniendo una muerta en el alma, como tu has señalado.

    De hecho pasarían dos décadas hasta que volviese a rehacer una vida más o menos familiar con una mujer, pero eso ya es tema para la próxima entrega de este monográfico del polaco. Y usted que lo siga leyendo

  3. lasaga Says:

    La próxima vez te cortaré la nariz y se la daré de comer a mis peces de colores

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