Roman, por Polanski III

Vuelvo a tener una cita con todos ustedes para ofrecerles una nueva entrega de la peripecia vital del director de cine Roman Polanski, que en estos últimos días está copando la actualidad en este blog. En el anterior capítulo me quedé en su precipitada huida de Estados Unidos tras el escándalo sexual del que fue objeto tras mantener relaciones con una menor. Hoy quiero retomarlo a partir de ese punto.

Polanski no ha vuelto a Estados Unidos desde 1978. El juez que llevaba su caso prometió encerrarlo de por vida y pidió al gobierno francés en multitud de ocasiones su extradición a territorio norteamericano, que fue denegada. Este juez murió en 1993.  La joven con la que tuvo “relaciones sexuales ilícitas” lo perdonó en 1997, por lo que Polanski pidió a su abogado (el mismo que hacía 20 años llevó su caso) que retomara el caso. Sin embargo las pretensiones del nuevo juez no convencieron al realizador polaco.

A este respecto, se le ha acusado en multitud de ocasiones de tener relaciones con mujeres extremadamente jóvenes y es que varias chicas de 16 y 17 años andan entre sus muchas conquistas. El propio Polanski dice que el preferirlas así de jóvenes le pasa a la mayoría de los hombres.

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Con todo ello, una vez consumado su exilio forzoso en Francia, Polanski decidió volverse a poner nuevamente detrás de las cámaras con un proyecto muy especial. En 1979, tras un intenso rodaje de más de año y medio en la Bretaña francesa (la acción original se desarrollaba en el condado inglés de Dorset, pero Polanski no quería pisar tierras británicas por temor a la deportación, así que buscó un lugar de similares características en el país vecino), Polanski estrenó “Tess”, basada en la novela de época de Thomas Hardy, con Nastassja Kinski como protagonista. El filme está dedicado a su fallecida esposa Sharon Tate (con un simple “to Sharon” en los créditos iniciales), quien dio la novela a Polanski junto con otras pertencias el último día que se vieron antes de que volviera la actriz a Los Ángeles antes de su asesinato. “Podemos hacer una película fascinante con este libro” le dijo en ese momento Tate, que tenía ese volumen como uno de sus favoritos.

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La acción se desencadena cuando, de manera inocente, el clérigo de una aldea le revela a John Durbeyfield, un honrado granjero, que los “Durbeyfields” son realmente descendientes de los d’Urbervilles, una noble familia casi extinguida cuyo linaje se extiende hasta la época de Guillermo el Conquistador. Esta información parece inútil ya que la familia perdió sus tierras y su prestigio cuando murieron los herederos varones. Sin embargo, llevado por la codicia, el granjero mandará a Tess, su hija mayor, a la mansión de sus lejanos parientes para tratar de pillar algo. Una vez allí se desencadenará una trama de amores, desamores, traiciones y otros sucesos desafortunados.

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La película es un drama de época de tres horas que sorprenderá a aquellos que piensen en Polanski como hacedor únicamente de películas un tanto sórdidas. No obstante, nos encontramos ante una de sus grandes obras, con una magnífica puesta en escena, una excelente fotografía y unas interpretaciones a la altura de las circunstancias. Nastassja Kinski luce bellísima y capaz de hacer perder el sentido al más pintado (de hecho el propio Polanski mantuvo un breve romance con la hija de Klaus Kinski, que por entonces contaba con apenas 19 años, una muesca más en la fascinación de Roman con las muchachitas).

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Sin embargo, como no podía ser menos en la cotidianeidad de Polanski, los sucesos hicieron acto de aparición. El 28 de octubre de 1978, el director de fotografía Geoffrey Unsworth (camarógrafo en películas como “2001” o “Superman”) murió de un infarto durante la tercera semana de rodaje. La mayoría de las escenas que él rodó fueron exteriores del principio de la película y se pueden distinguir por el uso de la niebla y una leve difuminación. Ghislain Cloquet filmó el resto de la película incluyendo la mayoría de las escenas de interior sin difuminación. Se rumorea que entre las escenas filmadas por Geoffrey Unsworth antes de su muerte  fueron algunas de las más recordadas como eran la seducción en el bosque, en la carpa y en las fresas, y cuando Tess está en la mansión de d’Uberville, al ordeñar a las vacas y Angel llevando a las chicas a través del riachuelo. Unsworth (póstumamente) y Cloquet fueron nominados al Oscar por su trabajo.

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El caso es que la cinta fue muy elogiada y logró varias nominaciones al Oscar aunque sin mucha suerte. Polanski volvió a quedarse a las puertas de la estatuilla dorada tras una nueva nominación, que ya era la tercera (dos como director y otra como guión adaptado).

Tras unos años alejado de los platós, en 1986 regresó con “Piratas”, proyecto que pretendía haber rodado diez años atrás inspirándose en las películas clásicas de piratas y que sin Jack Nicholson (aunque con Walter Matthau) como protagonista, fue, como vaticinaron las productoras diez años atrás, un fracaso crítico y comercial. La visión polanskiniana de los bucaneros, con algunas dosis de humor marca de la casa, no convenció a casi nadie.

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Dos años más tarde, con 55 años a sus espaldas, volvió al género de suspense con “Frenético” una producción estadounidense rodada en Francia. La película era una suerte de homenaje al cine de Alfred Hitchcock, con un médico estadounidense de viaje en París que sufre la desaparición de su mujer y en sus denodados intentos por saber que ha sucedido contará con la ayuda de una misteriosa mujer. La trama le sirvió a Polanski para hacer un ejercicio de estilo en el que no faltaban ingredientes como el mcguffin, la música perturbadora y un hombre normal involucrado repentinamente en oscuros manejos ajenos a él. La cinta está protagonizada por Harrison Ford y la actriz francesa Emmanuelle Seigner, de 22 años, un dato que acabo de aportarles de forma no poco intencionada, ya se figurarán por donde quiero ir.

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Durante el rodaje, Polanski se sintió fascinado por la joven, de mirada inquietante y turgentes formas y la convirtió en su nueva musa. En 1989, sólo un año después de conocerse, Seigner se convertía en la tercera mujer de Roman, que dos décadas más tarde del terrible asesinato de Sharon Tate parecía querer pasar página y volverse a comprometer con una mujer para largo tiempo.

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Y como veo que me he extendido bastante por hoy y que todavía quedan unas cuantas cosas que relatar sobre el bueno de Roman, voy a emplazarles a una cuarta entrega de este monográfico sobre la vida personal y profesional del amigo Polanski.

Se despide, suyo de ustedes.

Una respuesta to “Roman, por Polanski III”

  1. lasaga Says:

    A ver si me veo Tess, que seguramente no me va a gustar como suele ocurrir con los ambientes rurales decimonónicos, pero al ser del Polanski habrá que mirar…

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