El arte de Al Pacino

El pasado día 25 tuvo lugar el 70 cumpleaños de un actor de prestigio y fama internacional, que ha propiciado un buen número de momentos álgidos en la historia del cine desde principios de la década de los años 70. Entre sus interpretaciones más destacadas se encuentran el Michael Corleone en la saga de ” El Padrino”, Sonny Wortzik en “Tarde de perros”, Frank Serpico en “Serpico”, Tony Montana en “El precio del poder”, Carlito Brigante en “Atrapado por su pasado” o el Teniente Coronel Frank Slade en “Esencia de mujer” (por el que ganó el premio Oscar al mejor actor en 1992,después de haber sido nominado siete veces antes). Como habrán podido deducir, me estoy refiriendo a Al Pacino, uno de mis actores favoritos y al que voy a dedicar el siguiente monográfico.

Alfredo James Pacino nació en East Harlem, Nueva York, el 25 de abril de 1940. Hijo de Salvatore Pacino (nacido en Italia) y Rose Gerardi (hija de padre italiano y madre neoyorquina cuya familia procedía del país transalpino). Su padre se fue de casa cuando Pacino sólo tenía dos años para trasladarse a California y desde entonces su contacto fue muy intermitente. Por todo ello, su madre se mudó al South Bronx con sus abuelos maternos, quienes eran oriundos del pueblo siciliano de Corleone (un guiño del destino que le aguardaría al propio Pacino años después).

Tras una infancia característica de un joven italoamericano en los barrios bajos neoyorkinos (travesuras, pandillismo, apuros en el hogar para llegar a fin de mes), Pacino se matriculó a los 17 años en la escuela de interpretación neoyorquina High School for Performing Arts, aunque pronto abandonó las clases para aparecer en diversas producciones teatrales y trabajar como acomodador en un cine. La sombra conflictiva que siempre ha acompañado a la gente de su entorno tuvo también una leve repercusión en él. El 7 de enero de 1961, Pacino y otras dos personas fueron vistas por la policía dando vueltas en su vehículo de una manera sospechosa y llevaban mascaras y guantes negros. Cuando la policía los paró, se le encontró un arma escondida a Pacino y fue arrestado. Pacino, quien tenía 21 años de edad, estuvo en la cárcel por tres días antes de ser liberado debido a que se descubrió que el arma que llevaba era falsa, de atrezzo.

Poco después cursaría estudios en el famoso Actor´s Studio, a las órdenes de Lee Strasberg, que acabó convirtiéndose en uno de sus grandes amigos. Pacino siempre ha comentado que la actuación es la fuerza que ha dado un sentido y un equilibrio a su vida. Su talento comenzó a despuntar en el teatro al final de la década, ganando diversos premios. Su debut en la pantalla grande fue con “Me, Natalie” (1969), pero no sería hasta 1971 con “Pánico en Needle Park”, en la que interpretaba a un heroinómano, donde realmente demostró su talento y llamó la atención del director Francis Ford Coppola.

El célebre director (por aquel entonces un joven diletante que sólo había llevado a cabo pequeñas producciones) le dio la oportunidad de interpretar el personaje de Michael Corleone en “El Padrino” (1972). A pesar de que numerosos actores ya consagrados como Robert Redford y Warren Beatty fueron considerados para este personaje, Coppola eligió al relativamente desconocido Pacino para dar vida al hijo de Vito Corleone (al que dio vida con maestría Marlon Brando) y futuro heredero de una gran familia mafiosa. Su gran actuación en esta magnífica película (existe el tópico de que la segunda es la mejor, pero a mí la que más me gustó de esta saga fue la primera) le valió una nominación al Oscar al Mejor Actor de Reparto y le puso en el punto de mira del nuevo Hollywood, de todos esos directores que empezaban a hacer cine con jóvenes talentos alejados del prototipo de galán del cine clásico.

A continuación, en 1973 Pacino protagonizó “Serpico”, un filme policíaco de Sidney Lumet en el que el actor dio vida a Frank Serpico, un policía del Departamento de Policía de Nueva York que, contrariamente a muchos de sus colegas, no está dispuesto a aceptar dinero de los criminales. Por este motivo ningún policía quiere trabajar con él, ya que se encuentra en peligro permanente. Serpico intenta cambiar las cosas en el cuerpo de policía, aunque sin mucho éxito. Así pues, no le queda más que la esperanza de que algún día las cosas cambien.

El papel de Serpico se convirtió de inmediato en uno de los clásicos de Pacino, que customizó su habitual aspecto con pelo largo y barba para interpretar a un agente infiltrado en los bajos fondos, en uno de los exponentes más famosos del thriller setentero. El rol le valió para obtener una nueva nominación al Oscar, esta vez como actor principal, aunque tampoco sonó la flauta en esta ocasión pese a que consiguió otros galardones como el Globo de Oro.

Ese mismo año protagonizó junto a Gene Hackman “El espantapájaros”, que logró la Palma de Oro en el Festival de Cannes aunque es una de las obras más desconocidas del actor. La trama narra la peripecia de Max (Hackman), que acaba de salir de la cárcel tras seis años de prisión y Lionel (Pacino), que acaba de pasar cinco años en el mar. Ambos se conocen en la carretera haciendo autostop y así seguirán durante bastante tiempo. Uno lleva la idea de abrir un negocio en Pittsburgh, el otro con el propósito de visitar a la novia que dejó embarazada. Un camino que no resultará fácil pero merecerá la pena para ambos.

En 1974, Pacino retomó el papel de Michael Corleone en la segunda entrega de “El padrino”, que para muchos supera incluso el nivel de la primera. Aquí Pacino había aumentado su fama y sin la presencia de Brando asumía el protagonismo de la historia del clan mafioso, aunque tuvo que competir en pantalla con Robert De Niro, que asumía el rol de su padre Vito en el flashback que relataba los orígenes de la familia Corleone.

Irónicamente, De Niro, que por aquel entonces también empezaba a despuntar, logró su primer Oscar por este papel, mientras que Pacino tuvo que conformarse con una nueva nominación sin éxito. Las malas lenguas empezarían a fraguar entonces esa relación de rivalidad entre ambos por ver quien era mejor, aunque los hechos posteriores demostraron que quizá no hubo más que un pequeño pique de egos.

En 1975, el intérprete volvió a unir sus fuerzas con Sidney Lumet para filmar otra brillante cinta, “Tarde de perros”, basada en hechos reales ocurridos en 1972. Un vecino de Brooklyn homosexual, Sonny Wortzik (Pacino), decide junto a otro inexperimentado delincuente, Salvatore (John Cazale) robar un banco del mismo barrio de Nueva York para conseguir el dinero que le demanda la operación de cambio de sexo de su pareja, pero fracasan al descubrir que el banco no tenía suficiente dinero en efectivo, que había sido recogido horas antes. La policía, el FBI, los medios periodísticos y miles de curiosos se hacen presentes, y todo se va transformando en un espectáculo. Tanto algunos curiosos como rehenes comenzarán a simpatizar con Sonny.

“Tarde de perros” es una excelente película que con el mcguffin de un atraco a un banco nos muestra las características propias del cine de los 70: personajes que representan a la gente de la calle, problemas cotidianos y una sensación de pesimismo y de la imposibilidad de escapar al destino. En este filme se suma también la influencia de la televisión en la cultura de masas y el gusto por el espectáculo del medio catódico. Sonny no dudará en salir del banco y ponerse a gritar delante de la gente y de las cámaras que graban el secuestro para ganarse el apoyo popular. Asimismo, a lo largo del metraje se producen diversas conexiones con familiares de Sonny para aportar más morbo al acontecimiento. Con todo ello, Pacino volvió a cuajar una gran actuación y sumo una nueva nominación al Oscar, aunque tampoco consiguió rascar nada.

Tras un par de años de parón que dedicó a volver al teatro (el medio del que surgió y del que siempre ha manifestado que es su lugar preferido, que aunque le encanta hacer películas él se considera antes que nada un actor de teatro), Pacino protagonizó “Un instante, una vida”, a las órdenes de Sidney Pollack. La cinta narra la peripecia de Bobby Deerfield, un piloto de carreras que vive únicamente centrado en su oficio y que un día verá cambiada su vida cuando se enamore de una mujer, que le hará conocer algunas cosas de la vida y de sí mismo. Aunque la cinta no es de las más conocidas de Pacino, él siempre ha asegurado que este personaje es el que está más cerca de su verdadera personalidad de todos los roles que ha interpretado.

En 1979, Pacino protagonizó “Justicia para todos”, un filme judicial de Norman Jewison que narra la historia de un abogado de Baltimore que tendrá que defender a un presunto violador ante un jurado corrupto. Pacino obtuvo su quinta nominación al Oscar, la cuarta como mejor actor, aunque todavía le quedaban algunos años para poder obtener la dorada estatuilla. Entretanto, para consolarse logró un premio Tony por su labor teatral.

Como veo que me estoy extendiendo, voy a cerrar aquí la primera parte de este monográfico sobre el intérprete italoamericano, aprovechando que he llegado al fin de la década de los 70, posiblemente la más fructífera de su carrera y que le puso en un lugar preferente en el mundo del séptimo arte. Volveremos con los convulsos 80.

Se despide, suyo de ustedes.

Una respuesta to “El arte de Al Pacino”

  1. lasaga Says:

    A mi es un actor que me gusta bastante pero del que he visto menos de lo que debería. Tarde de perros, Serpico, el espantapajaros… tengo q verlas.

    Sigue con el monográfico que ahora viene la parte que me gusta a mi, los putos pelícanos jeje

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: